TEMA 7: Cerca del cambio: El flogisto y la química pneumática
Introducción
El
siglo XVIII marcó un hito en la historia de la química. Lo que antes se
limitaba a un conjunto de técnicas mezcladas con teorías esotéricas y mágicas,
empezó a transformarse en una verdadera ciencia. Este cambio se hizo más
evidente en la segunda mitad del siglo, con Antoine Lavoisier como figura
central. Sin embargo, no debemos olvidar a otros investigadores que también
jugaron un papel crucial en esta evolución.
La
evolución de la química ha sido un proceso continuo y fascinante a lo largo de
la historia. Desde la antigüedad, los seres humanos han estado interesados en
comprender la naturaleza de la materia y los cambios que ocurren en ella. Los
alquimistas de la Edad Media fueron los precursores de la química moderna, y
aunque sus métodos y teorías eran imperfectos, sentaron las bases para el
desarrollo de la química como una ciencia.
Un
aspecto importante por discutir es la teoría del flogisto. Aunque errónea, esta
teoría y sus métodos experimentales impulsaron avances significativos en la
química. Analizar tanto a los defensores como a los detractores del flogisto
nos ayuda a entender mejor el desarrollo científico de la época.
Antes de profundizar en la teoría del flogisto, es útil explorar otros momentos y personajes del siglo XVIII que tuvieron una conexión con la química y contribuyeron a su progreso.
Antonie Lavoisier: Químico
Nacimiento:
26 de agosto de 1743, París, Francia
Fallecimiento: 8 de mayo de 1794, París, Francia
Antoine-Laurent
Lavoisier cambió para siempre la
química,
tanto teórica como práctica, al crear una serie de nuevos análisis de
laboratorio que pondrían orden en el caos de conocimiento generado a lo largo
de siglos de filosofía griega y alquimia medieval.
Jan Baptista Van Helmont: Químico
Nacimiento:
12 de enero de 1580, Región de Bruselas - Capital, Bélgica Fallecimiento: 30 de
diciembre de 1644, Vilcoorde, Bélgica
Identificó
los compuestos químicos que hoy llamamos dióxido de carbono y óxido de
nitrógeno; fue el primer científico que diferenció entre los conceptos de gas y
aire. Fue pionero en la experimentación y en una forma primitiva de bioquímica,
llamada iatroquímica.
Robert Boyle: Filosofo
Nacimiento:
25 de enero de 1627, Lismore, Irlanda.
Fallecimiento:
31 de diciembre de 1691, Londres, Reino
Boyle
fue el primero que estudió el efecto de la presión sobre el volumen de los
gases. Observó que todos los gases se comportan igual al ser sometidos a
cambios de presión, siempre que la temperatura se mantenga constante.
Isaac Newton y su aportación a la química y la alquímica
Fallecimiento: 31 de marzo de 1727, Londres, Reino Unido
Isaac
Newton, conocido principalmente por su labor como físico y matemático, también
realizó importantes incursiones en el mundo de la química y la alquimia. Aunque
sus obras más destacadas, como Principia Mathematica (1687) y Optica (1704), se
centran en la física y las matemáticas, incluyen pasajes significativos sobre
química. Newton no solo se interesó en la química formal, sino también en la
alquimia, y dejó tras de sí una gran cantidad de manuscritos sobre ambos temas,
los cuales fueron recopilados y dados a conocer por el economista
estadounidense John M. Keynes en 1936.
Newton
y la Búsqueda de Respuestas Fundamentales:
Newton,
como filósofo natural, se preguntaba sobre la constitución y transformación de
la materia, el origen de la vida y el destino del hombre. Estas cuestiones lo
llevaron a estudiar tanto la química como la alquimia, consultando textos y
experimentando para encontrar respuestas. Entre los pensadores que influyeron
en su trabajo se encuentran Jan Baptista van Helmont y Robert Boyle. De van
Helmont adoptó la idea del agua como origen de toda materia, mientras que de
Boyle tomó la teoría corpuscular de la materia.
Aplicación
de la Teoría Corpuscular y el Éter
Newton
hizo una importante aportación al aplicar su teoría de atracción y repulsión,
usada para explicar la gravitación, a las interacciones químicas. Propuso que,
al igual que la gravitación actúa en el "macrocosmos", las fuerzas de
atracción y repulsión operaban en el "microcosmos", es decir, entre
las partículas de materia. Imaginó un éter sutil que impregnaba el universo,
responsable de estas interacciones, similar al concepto estoico del pneuma o
espíritu vital.
Newton
creía en la transmutación de los metales, al igual que Boyle, y buscaba
reconciliar los escritos bíblicos sobre la creación con los secretos
alquímicos. Basándose en la teoría corpuscular, Newton propuso que existían
fuerzas intensas entre las partículas de materia, cuya potencia variaba según
la sustancia y solo actuaban a distancias muy pequeñas. Esta idea permitía
explicar por qué un metal podía reemplazar a otro en una solución ácida,
basando la afinidad química en una atracción física.
Influencia
y Legado
Las ideas de Newton sobre química y alquimia se plasmaron en obras como De natura acidorum y Optica, influyendo significativamente en las universidades y en el pensamiento de la época. Su teoría del éter como causa del movimiento y cambio químico influyó en investigadores como Georg Ernst Stahl, quien identificó el éter con el fuego, alineándose con la teoría aristotélica de los cuatro elementos. Esto contribuyó a la formulación de la teoría del flogisto, que, aunque errónea, tuvo un papel importante en el desarrollo de la química.
La Teoría del Flogisto
Contexto
Histórico y Relevancia
En los siglos XVII y XVIII, los metales eran un objeto de gran interés para alquimistas, químicos, físicos, farmacéuticos y médicos. Los fenómenos de combustión y calcinación de los metales, estrechamente relacionados con los procesos metalúrgicos, se convirtieron en temas centrales de la experimentación química. Esta preocupación surgió, en parte, debido al auge de la industria metalúrgica, que planteaba importantes desafíos técnicos cuya resolución tenía un impacto significativo en las economías de los países involucrados.
¿Qué
Era el Flogisto?
La teoría del flogisto fue desarrollada por el médico y químico alemán Georg Ernst Stahl (1660-1734), basándose en ideas de Isaac Newton y, sobre todo, en las de Johann Becher. El término flogisto deriva del griego "phlogiston", que significa combustible. Esta teoría proponía que todos los cuerpos contenían un principio llamado flogisto, el cual se liberaba durante la combustión. En términos generales, el flogisto era imaginado como una sustancia que explicaba los fenómenos caloríficos.
Antecedentes
y Desarrollo de la Teoría
Para comprender plenamente la teoría del flogisto, es importante considerar el contexto social, económico y político de la época, así como la figura y las teorías de Johann Becher, que influyeron directamente en Stahl. Becher proponía que los materiales estaban compuestos de tres "tierras" fundamentales: la tierra vitrificable, la tierra mercurial y la tierra combustible. Stahl adaptó y expandió estas ideas, introduciendo el concepto de flogisto como la esencia combustible que se liberaba cuando una sustancia se quemaba o calcinaba.
Impacto
y Críticas
La teoría del flogisto fue ampliamente aceptada durante el siglo XVIII y utilizada para explicar una variedad de procesos químicos, especialmente la combustión y la calcinación. Sin embargo, enfrentó críticas y desafíos, particularmente cuando los experimentos comenzaron a contradecir sus postulados. El trabajo de Antoine Lavoisier en la segunda mitad del siglo XVIII, que demostró que la combustión y la calcinación implicaban la combinación de sustancias con oxígeno, eventualmente llevó al abandono de la teoría del flogisto.
Antecedentes
Históricos y Científicos del Flogisto
Durante
el siglo XVII, las largas guerras europeas, como la de los Treinta Años
(1618-1648), debilitaron las economías de los países europeos, impulsando una
política de fomento industrial y explotación de materias primas. En este
contexto, los alquimistas recibieron protección de los gobiernos y mecenazgos
privados debido a su capacidad para manipular y extraer minerales y otros
materiales valiosos. La química comenzó a impartirse cada vez más en las
universidades.
En
el Sacro Imperio Romano Germánico, la minería y la metalurgia, junto con la
producción de vidrio, cerámica, tejidos y cerveza, florecieron bajo el control
oficial y el crecimiento del comercio. Esta tendencia inicial impulsada por
necesidades económicas sentó las bases para que Alemania se convirtiera en una
potencia industrial.
Un ejemplo destacado es Johann Becher (1635-1682), protegido inicialmente por el emperador austríaco Leopoldo I. Becher se dedicó al estudio experimental de procesos químicos relacionados con la minería y la obtención de metales preciosos. En Inglaterra, investigó el uso del carbón para la producción de gas de hulla para el alumbrado urbano. Sus ideas sobre tres tipos de "tierras" (terra fluida, terra lapidea y terra pinguis) influyeron en Georg Ernst Stahl, quien las modificó para desarrollar la teoría del flogisto. Esta teoría proponía que todos los cuerpos contenían flogisto, una esencia combustible liberada durante la combustión, y aunque errónea, fue crucial en la evolución de la química. Sus intereses con la combustión se debían a que en la época este proceso era considerado algo sobrenatural. Por los resultados de la quema de materiales orgánicos tanto como inorgánicos.
Aunque la teoría del flogisto fue finalmente descartada, dominó gran parte del siglo XVIII y tuvo un impacto significativo en la química de la época. Georg Ernst Stahl, su principal defensor, fundó una escuela en Berlín y sus ideas se propagaron por toda Europa, influyendo en científicos de Inglaterra, Alemania, Francia y Suecia.
Expansión
y Contribuciones
Los seguidores de Stahl, fieles a sus enseñanzas, hicieron importantes contribuciones al desarrollo de la química. Sus aportaciones no solo ampliaron el conocimiento sobre las propiedades de muchos compuestos, sino que también impulsaron la aplicación de la química en la industria. Además, estos científicos innovaron y perfeccionaron las técnicas experimentales, lo que facilitó avances en diversas áreas del conocimiento químico.
El
Surgimiento de la Química Neumática
Un aspecto destacado del progreso en esta época fue el desarrollo de la química neumática. Esta rama de la química se centraba en el estudio de los gases, conocidos entonces como "aires". Los químicos neumáticos realizaron experimentos cruciales que llevaron al descubrimiento de varios gases importantes y a una mejor comprensión de sus propiedades.
Avances
Clave en la Química Neumática
Entre
los logros más notables de la química neumática se encuentra el descubrimiento
del oxígeno por Joseph Priestley y Carl Wilhelm Scheele, independientemente uno
del otro. También cabe mencionar el trabajo de Antoine Lavoisier, quien utilizó
estos descubrimientos para desarrollar la teoría de la combustión basada en el
oxígeno, refutando así la teoría del flogisto.
La química neumática no solo revolucionó la comprensión de los gases, sino que también influyó en la tecnología y la industria, particularmente en procesos como la producción de ácido nítrico y el estudio de la atmósfera.
Inglaterra y la Química Neumática: Black, Cavendish y Priestley
Transformación
del Concepto del Aire
Durante
esta época, se abandonó la antigua noción aristotélica del aire como un
elemento y se empezó a entender como un estado de la materia: el gaseoso. Este
cambio de perspectiva permitió la observación de fenómenos como la respiración
química y el aumento de peso en objetos sometidos a combustión. Estos estudios
fueron posibles gracias a la manipulación experimental de los gases.
Joseph
Black
Joseph
Black (1728-1799), médico, físico y químico, fue uno de los científicos más
destacados de su tiempo, no solo en Inglaterra, sino en toda Europa. En 1717,
descubrió el dióxido de carbono, al que llamó "aire fijo". Este
descubrimiento fue una continuación de los trabajos de van Helmont, considerado
el fundador de la química de los gases.
Henry
Cavendish (1731-1810), físico y químico, fue un aristócrata dedicado
enteramente a la ciencia. Realizó descubrimientos cruciales y estudió el calor
específico, determinando su valor para muchos compuestos. Su trabajo meticuloso
y cuantitativo lo convirtió en un precursor de Lavoisier y de la
estequiometría, cuyas bases fueron establecidas oficialmente años después por
el alemán Richter.
Joseph Priestley (1733-1804), científico y teólogo, realizó numerosos experimentos que le llevaron a descubrir y caracterizar muchos gases, incluyendo el dióxido de nitrógeno (NO2), el cloruro de hidrógeno, el sulfuro de hidrógeno y el fluoruro de silicio. Priestley también aisló el nitrógeno, al que llamó "aire flogístico", e inventó el agua de soda, abriendo el camino a la industria de aguas minerales artificiales. Su mayor logro fue el descubrimiento del oxígeno en 1774, observando que, al calentar óxido de mercurio con una lente, se producía un gas que mejoraba la combustión.
Reflexión Final
En
el siglo XVIII, la razón y la Ilustración transformaron la química, impulsando
la intercomunicación de ideas y superando el aislamiento medieval. El
surgimiento de salones científicos y la creación de academias y sociedades
científicas, como la Royal Society en Inglaterra y la Academie de Sciences en
Francia, facilitaron la rápida difusión de descubrimientos, aunque algunos
científicos, como Scheele, no siempre publicaban a tiempo y dejaban que otros
recibieran el crédito.
La
teoría del flogisto, aunque errónea, jugó un papel crucial en este desarrollo.
Sirvió como un marco teórico que fomentó la investigación y la experimentación,
y su eventual refutación condujo a una comprensión más precisa de los procesos
químicos. Científicos como Joseph Black, Henry Cavendish y Joseph Priestley
fueron fundamentales en la transformación de la química neumática, ampliando
nuestro conocimiento de los gases y sentando las bases para la química moderna.
Estas
contribuciones destacan cómo las teorías científicas, aunque inicialmente
incorrectas, pueden catalizar avances significativos y evolucionar hacia una
comprensión más profunda y precisa de la naturaleza. La era de la Ilustración,
con su énfasis en la razón y la comunicación, fue fundamental para este
progreso, demostrando que la ciencia avanza a través del intercambio de ideas y
la continua revisión de conceptos previos.
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